Lucas 19,28-40
Isaías 50,4-7
Salmo 21
Filipenses 2,6-11
Lucas 22,14 – 23,56
Reflexiones
La
entrada en la Semana Santa, la
semana grande del amor hasta las
últimas consecuencias (Jn 13,1), está marcada
este año por la
narración de
la pasión y muerte de Cristo, escrita por el
evangelista Lucas (Evangelio). Esa
Passio no es tan sólo historia del pasado: los mismos
acontecimientos se
repiten hoy. Los personajes de entonces (Caifás,
Herodes, Pilato,
fariseos, sacerdotes, Pedro, Judas, Cirineo, piadosas mujeres,
soldados,
Centurión, José de Arimatea…) son emblemáticos de
lo que ocurre hoy
con relación a Cristo y a los que sufren, con los que
Él se identifica
(cf Mt 25,35s). Cada persona, cada uno de nosotros puede ser, hoy, en
el bien o
en el mal, uno u otro de esos personajes de la pasión de
Jesús. Hoy, cada uno
puede ser, por ejemplo, como las piadosas
mujeres, que
acompañan a Cristo en su dolor; o ser como
el Cirineo, personas capaces de
cargar el peso de los demás; o como
María, al pie de la cruz...
Tres testigos modernos del mundo misionero nos brindan una ayuda segura en la
comprensión y en la celebración del Misterio pascual
propio de la Semana Santa.
Su palabra nace de la experiencia personal de identificación con
Cristo muerto
y resucitado. Por tanto, sus testimonios
tienen una resonancia
universal: ayudan a vivir la Pascua según la amplitud y
la profundidad
propias del corazón de Cristo.
“Siempre
los ojos fijos en
Jesucristo”
S.
Daniel Comboni (1831-1881), misionero
apasionado por la salvación de África, en las Reglas de
su Instituto (1871),
recomendaba vivamente a los futuros misioneros que contemplaran con
amor a Cristo
crucificado, para formarse al necesario “Espíritu de Sacrificio”:
«El
pensamiento perpetuamente dirigido al gran fin de su vocación
apostólica debe
engendrar en los alumnos del Instituto el espíritu de
sacrificio. Fomentarán en
sí esta disposición
esencialísima teniendo siempre los ojos fijos en
Jesucristo,
amándolo tiernamente y procurando entender cada vez mejor
qué significa un Dios
muerto en la cruz por la salvación de las almas. Si con
viva fe contemplan
y gustan un misterio de tanto amor, serán felices de ofrecerse a
perderlo todo
y a morir por Él y con Él».
(De
los Escritos de D.
Comboni,
n. 2720-2722).
“¡Tengo sed!”
La entrega total de la Beata Madre Teresa de
Calcuta (1910-1997) a la
causa misionera tuvo su origen en la
contemplación de las palabras de Jesús en la cruz:
¡Tengo sed! La atención a
los últimos en la escala social nacía en ella del deseo
de apagar la sed de
Cristo.
«"¡Tengo sed!" dijo
Jesús cuando, en la cruz, se encontraba privado de todo
consuelo. Renueven su celo para saciar su sed en las
dolorosas semblanzas de los más pobres entre los pobres:
"Ustedes a mí me
lo hicieron". Jamás separen estas palabras de Jesús:
"Tengo sed"
y "Ustedes a mí me lo hicieron"».
(De
los escritos de Madre
Teresa de Calcuta).
Celebrar
la Pascua con un “corazón grande como el mundo”
Ésta es la enseñanza del Siervo de
Dios, Mons. Óscar Arnulfo Romero
(1917-1980), arzobispo de San Salvador, asesinado mientras estaba
celebrando la
Eucaristía en la tarde del 24 de marzo de 1980.
«Celebra
la Pascua con Cristo tan
sólo el que sabe amar, sabe perdonar, sabe aprovechar la fuerza
más grande que
Dios ha puesto en el corazón del hombre: el amor. La Iglesia
siente que su
corazón es como el de María, grande
como el mundo, sin enemigos,
sin resentimientos».
(De
las catequesis de
Mons. Óscar A. Romero, en la Semana Santa de 1978).
Palabra
del Papa
(*) "Puesto que Jesús
se entrega totalmente, como Resucitado puede pertenecer a todos y
hacerse
presente a todos. Su Reino es universal. Esto es posible sólo
porque no es la
soberanía de un poder político, sino que se basa
únicamente en la libre
adhesión del amor; un amor que responde al amor de Jesucristo,
que se ha
entregado por todos. La universalidad, la
catolicidad
significa que nadie puede considerarse a sí mismo, a su cultura
a su tiempo y
su mundo como absoluto. Y eso requiere que todos nos acojamos
recíprocamente,
renunciando a algo nuestro. La universalidad incluye el misterio de la
cruz, la
superación de sí mismos, la obediencia a la palabra de
Jesucristo, que es
común, en la común Iglesia. La universalidad es siempre
una superación de sí
mismos, renunciar a algo personal. La
universalidad y la cruz van juntas. Sólo así se crea la
paz".
Benedicto XVI
Homilía
en el Domingo de
Ramos, 5.4.2009
Siguiendo los pasos
de los Misioneros
- 28/3: Domingo de
Ramos.
- 28/3: B. Cristóbal
Wharton (+1600); 29/3: B. Juan Hambley (+1587); 31/3: B.
Cristóbal Robinson
(+1597) y otros sacerdotes ingleses martirizados bajo Isabel I, reina
de
Inglaterra.
- 30/3: B. Luis de Casoria
A. Palmentieri (1814-1885), franciscano, educador; junto con otros
trabajó
activamente para rescatar a niños
africanos de la esclavitud.
- 30/3: S. Leonardo
Murialdo (1828-1900), sacerdote de Turín,
educador, fundador
del Instituto de los ‘Josefinos’ para la formación de los
niños abandonados.
-
31/3/1767: Expulsión de los Jesuitas de
España, Portugal y sus colonias en América Latina. Seis
años más tarde (1773), tuvo
lugar la supresión de la Compañía de Jesús,
benemérita de la evangelización en
el mundo entero.
- 1/4: B.
Luis Pavoni (1784-1848), sacerdote
de Brescia, pionero en el campo social, fundador, entregado a la
educación
humana, cristiana y profesional de los niños.
- 2/4: S.
Francisco de Paula (1416-1507),
ermitaño de vida austera, fundador de los Mínimos.
- 2/4:
BB.Diego Luis de San Vitores (1627-1672),
sacerdote jesuita español, y Pedro
Calungsod (1654-1672), nacido en Filipinas, catequista seglar; ambos
fueron
matados por odio a la fe cristiana y arrojados al mar
en la isla de Guam (Marianas, Oceanía).
- 2/4: B. María Laura
Alvarado (1875-1967), nació y vivió en Venezuela,
fundadora, entregada a la
asistencia a los huérfanos, ancianos y pobres.