Éxodo 3,1-8.13-15
Salmo 102
1Corintios 10,1-6.10-12
Lucas 13,1-9
Reflexiones
¿Existe una manera
diferente de mirar las desgracias?
¿Pueden ser una invitación a la conversión del
corazón? Víctimas de las Torres
Gemelas, estaciones de Madrid y de Londres, tsunami, huracanes,
enésimo accidente
de la noche del sábado, Auschwitz e Hiroshima...
Y todas las víctimas de atentados,
masacres, accidentes, catástrofes, violencias, esclavitudes,
tumores, epidemias,
sida... ¿Quién tiene la culpa de estos males?
¿Dios tiene algo que ver? ¿Qué
opina Él de eso? ¿Cómo interpreta
Jesús los hechos de este tipo?
Éstas son algunas de las muchas preguntas que nos hacemos ante
males tan
grandes. También Jesús estaba atento e informado sobre
los hechos del día (Evangelio):
reflexiona sobre ellos, los juzga con criterios propios, no
según la mentalidad
corriente, hace de ellos un análisis crítico, los comenta
de manera que hoy diríamos
políticamente incorrecta,
incómoda, a
contracorriente.
Algunos lo querían involucrar en una crítica
pública a Pilato por un hecho ciertamente sanguinario y
sacrílego (v. 1). La
lección que Jesús saca de aquel hecho, así como de
la muerte de 18 personas por
la caída de la torre de Siloé, sobrepasa la
interpretación común de la mayoría,
leyendo allí una invitación de Dios para un cambio de
vida, al fin de no
perecer todos de la misma manera (v. 3.5). La tentación
era doble:
en el caso de Pilato, creer que bastaba con rebelarse
y suplantar al
procurador romano; en el caso de las víctimas de la torre,
pensar en seguida en
un castigo
por un pecado o en una intervención de agentes externos
(incluido Dios). Es la
reacción más frecuente y más cómoda: acusar
a los demás, buscar un culpable
externo, pensar que el mal está en las cosas fuera de nosotros,
vincular
desgracias y enfermedades con culpas cometidas o con un castigo
divino... Se
trata de actitudes típicas de la mentalidad pagana,
que los
misioneros encuentran a menudo en ámbitos no cristianos, pero
también entre
bautizados no plenamente convertidos. (*)
Dicha mentalidad, por un lado, nos impide llegar a
las causas verdaderas de los males que nos ocurren, sumiéndonos
en el fatalismo
y en la pasividad; y por otro lado, nos induce a la falsa idea de un
Dios
castigador e intervencionista. Jesús nos libera de esa
mentalidad; Él va a la
raíz de los problemas: invita a convertirse,
a cambiar el
corazón para que las cosas mejoren. Las cosas van a
mejorar si las
personas cambian desde dentro; sólo a partir de un cambio del
corazón mejorarán
las estructuras humanas, religiosas, socio-políticas.
Ésta es la noticia buena
y nueva, éste es el Evangelio que cambia la mentalidad,
el corazón, la
vida. El comentario de Jesús sobre esos sucesos no es
una evasión, sino
una lectura más profunda. El Evangelio no pasa al margen de la
historia, no se
limita a rozarla, entra dentro de los hechos, llega a la conciencia de
las
personas: allí Dios construye su Reino de amor y de libertad. “El
Reino de Dios no es algo paralelo a la historia, la interpela y la
interpreta.
A su vez, los hechos de nuestra vida nos permiten comprender mejor el
alcance
del mensaje" (Gustavo Gutiérrez). Rozamos aquí la
relación, siempre
misteriosa, entre la
Providencia divina y la autonomía de la
historia con sus
acontecimientos, que no son, de por sí, portadores de castigo o
de premio. El
cristiano, con un discernimiento iluminado por la fe, sabe leer en
ellos un
mensaje, una invitación a la conversión, una oportunidad
de revisión, el sentido
de la existencia humana…
Ante hechos dolorosos y atroces, uno se pregunta:
¿dónde
estaba Dios con su omnipotencia? Pero nos exponemos a olvidar
los
amplios espacios de libertad y de responsabilidades humanas que Dios
confía al
hombre. Hermes Ronchi intenta responder: “¿Dónde estaba
Dios? No.
¿Dónde estaba el hombre, ese día? Si
el hombre no cambia, si no
se convierte en constructor de alianza y de libertad, esta tierra
irá a la
ruina porque se funda sobre la arena de la violencia y de la
injusticia. Si
no se convierten, perecerán todos” (v. 3.5). Por eso,
Dios tiene con
nosotros misericordia y paciencia: nos regala el tiempo como realidad
en la
cual se realiza la salvación. Es más, nos da un
tiempo adicional,
“todavía este año”, para dar fruto (v. 7-9). En el
dueño que quiere cortar el
árbol (v. 7), podemos ver nuestra falsa idea de un dios
castigador, duro, impaciente. Por el contrario, Él se
identifica con el viñador que
limpia y cultiva la vid para que dé más fruto
(cf Jn 15,1-2); el viñador que espera con paciencia, dispuesto a
mejorar los
cuidados (cavar alrededor de la cepa, echar estiércol: v. 8).
Jesús va aún más
allá: es el grano de trigo que
cae en tierra y muere en los surcos de la
humanidad para dar mucho fruto (Jn 12,24).
Que la experiencia del pueblo de Israel, advierte
Pablo (II lectura), nos sirva de ejemplo y para
escarmiento
nuestro (v. 6.11): a pesar de que todos fueron testigos y
partícipes de
incontables obras de Dios en su favor, muchos no agradaron a Dios y se
perdieron (v. 5). El mensaje es claro: no ilusionarse con supuestos
méritos,
sino vivir humildemente con coherencia (v. 12). Siempre con la
confianza puesta
en Dios, amante y liberador de su pueblo. En efecto, Dios se ha
autorrevelado a
Moisés en la zarza que ardía sin consumirse (I lectura)
como Dios de la
vida, Dios de los antepasados (v. 6), Dios que ve la
opresión de
su pueblo, oye sus quejas, conoce sus
sufrimientos
y se acerca para liberarlo (v. 7-8). Él es el que
es (v. 14),
Dios presente siempre, en todas partes, con todos, Emmanuel, presencia
creadora
y liberadora. El compromiso evangelizador de los grandes misioneros
nace
siempre, como en Moisés (v. 4-5), de una fuerte experiencia de
Dios y de la
cercanía al sufrimiento de la gente: éste fue el camino
de Francisco Javier,
Pedro Chanel, Daniel Comboni, Francisca Cabrini, Teresa de Calcuta...
Palabra
del
Papa
(*) "Ante
ciertas desgracias —advierte Jesús— no se ha de atribuir la
culpa a las
víctimas. La verdadera sabiduría es, más bien,
dejarse interpelar por la
precariedad de la existencia y asumir una actitud de responsabilidad:
hacer
penitencia y mejorar nuestra vida. Ésta es la respuesta
más eficaz al mal, en
cualquier nivel, interpersonal, social e internacional. Cristo invita a
responder al mal, ante todo, con un serio examen de conciencia y con el
compromiso de purificar la propia vida".
Benedicto XVI
Angelus Domingo
11 de marzo de 2007
Siguiendo los pasos de los Misioneros
-
7/3: B. José
Olallo Valdés (1820-1889), cubano, religioso de la Orden Hospitalaria
de S. Juan de Dios (Fatebenefratelli), siempre atento a los sufrientes
y
necesitados.
-
8/3: S. Juan de
Dios (1495-1550), religioso portugués, fundador de la Orden de Hermanos
Hospitalarios,
protector de los hospitales, patrono de los enfermos y de los
enfermeros.
-
8/3: Jornada
Internacional de la
Mujer:
instituida en 1910, pasó a ser Jornada de la ONU en 1975.
-
9/3: S. Domingo
Savio, educado por S. Juan Bosco; falleció a los 14 años
(+1857),.
-
10/3: B. Elías
del Socorro Nieves del Castillo, agustino
mexicano, martirizado
en Cortázar (México, +1928), junto con otros durante la
persecución.
- 12/3: S.
Luis Orione (1872-1940), sacerdote italiano, fundador de la Pequeña Obra
de la
Divina Providencia
y de algunas Congregaciones religiosas para la asistencia a los
más necesitados.